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DESARROLLO RESILIENTE: El reto de no recaer en la pobreza

Por George Gray Molina, Economista Principal de la Dirección Regional para América Latina y el Caribe del PNUD

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Foto: César Avilés / PNUD

El mayor problema de América Latina no es “volver a crecer”; es proteger los logros sociales de una década y combatir exclusiones que no están correlacionadas con el ingreso.

Las economías de América Latina y el Caribe se han contraído por quinto año consecutivo. No obstante, éste no es el mayor problema que enfrenta la región: entre 25 y 30 millones de personas están en peligro de recaer a la pobreza por no contar con mecanismos adecuados de protección ante choques adversos[1].

¿Cómo salir de la pobreza? ¿Y cómo no volver a recaer en ella? En los años buenos, los retornos a la educación en el mercado laboral y las transferencias sociales contribuyen a un aumento de los ingresos totales de hogares pobres. Estos factores sacaron a más de 72 millones de personas de la pobreza en la región y explican el ingreso de 94 millones a la clase media entre 2003 y 2013.

Evolución de la Pobreza de la región desde 1992 de acuerdo a su nivel de ingresos

Los riesgos de recaer en la pobreza

En los años malos, sin embargo, entran en juego otros factores vinculados a las estrategias de vida de hogares pobres y vulnerables. Los factores que amortiguan la caída a la pobreza son distintos a los que explican su salida: incluyen acceso a activos físicos (como un refrigerador o una motocicleta), activos financieros (como tenencia de una cuenta de ahorro), acceso a protección social (como una pensión o seguro contra el desempleo) y sistemas de cuidado (para niños, personas mayores o discapacitados).

El manejo de riesgos es un asunto familiar, comunitario y estatal más que individual.

En los años malos no es suficiente amortiguar el golpe o retornar el crecimiento económico pasado. Se hace imprescindible invertir en la resiliencia futura de los hogares y las comunidades para el largo plazo. El manejo de riesgos es un asunto familiar, comunitario y estatal más que individual. En la actual coyuntura, los hogares pobres y vulnerables corren tanto con el riesgo de inserción a un mercado laboral abierto, como con las consecuencias nocivas de una contracción económica. A diferencia de un banco o una empresa, un hogar pobre no tiene acciones preferentes sobre los activos resilientes del mercado.

¿Quién debe correr con los riesgos de inserción y reinserción laboral? ¿Costos de desempleo? ¿Protección ante choques adversos? ¿Acumulación de activos físicos y financieros? ¿Cuidado de los niños y personas mayores? ¿Protección social?

¿Qué puede hacerse para proteger a estas personas del riesgo de recaer en la pobreza?

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Es necesario implementar políticas públicas enfocadas en el mercado laboral, la protección social, los sistemas de cuidados y el acceso a activos físicos y financieros para proteger a las personas del riesgo de caer en la pobreza.

No todo se relaciona con el ingreso

Es importante entender y abordar las exclusiones duras, es decir, aquellas que no se explican por el nivel de ingresos: por condición étnica, racial o color de piel o identidad sexual. Estas exclusiones requieren de acciones proactivas para nivelar el acceso a oportunidades, capacidades y activos. No solo para cerrar brechas sociales o económicas, sino para reconocer derechos plenos de ciudadanía.

Detrás de este argumento yace una pregunta más osada: ¿Qué significa progresar en países que se urbanizan rápidamente, que masifican sus servicios sociales, que dependen de patrones extractivistas de recursos naturales y que viven transformaciones en las relaciones de poder dentro y fuera del hogar? ¿Cómo desterrar el uso del ingreso como métrica única del bienestar –cuando hay tantas otras maneras de valorar la equidad, el medio ambiente, la cohesión social, el uso del tiempo, la ausencia de la violencia en las calles (y dentro de los hogares).

Imaginarios sobre el progreso en América Latina y el Caribe

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Fuente: Elaboración propia sobre la base de resultados de una investigación cualitativa encomendada para el Informe de Desarrollo Humano Regional.

Mirando hacia adelante

Los ciclos económicos no desaparecerán de América Latina y el Caribe. Lo que si puede cambiar es la carga de riesgo que asumen los hogares pobres y vulnerables en momentos de crisis. Volver al crecimiento económico del 4% es una loable aspiración. Sin embargo, es aún más importante que el crecimiento, es que las transformaciones sociales y laborales de la última década no se reviertan. La primera responsabilidad es preservar el bienestar más allá del ingreso.

La Agenda 2010 para el Desarrollo Sostenible nos reta a erradicar la pobreza en todas sus dimensiones, sin dañar ni poner en riesgo a las siguientes generaciones.

La Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, conformada por los Objetivos de Desarrollo Sostenible, constituye una carta de navegación para los buenos y para las malos años –una agenda de progreso multidimensional. Ésta nos reta a erradicar la pobreza en todas sus dimensiones, sin dañar ni poner en riesgo a las siguientes generaciones.

Notas:

[1] Estimaciones recientes del Informe Regional sobre Desarrollo Humano del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)

Para mayor información, contactar a George Gray Molina, Economista Principal de la Dirección Regional para América Latina y el Caribe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo a george.gray.molina@undp.org 

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