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Enfoque

EL ARTE: Plataforma de mediación y hospitalidad entre vendedores informales y la academia

Por Proyecto Museo del Andén, Semillero de Investigación Especies de Espacios del Departamento de Artes Visuales de la Pontificia Universidad Javeriana (Natalia Pérez, Sonia Barbosa Ortiz, Sara Casadiego, Natalia Ospina, Nicolás Leyva Townsend, Ricardo Toledo Castellanos)

11 ciudades sostenibles

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En Colombia la unión de factores como el desplazamiento poblacional hacia las ciudades, las políticas de empequeñecimiento del Estado, y decisiones macroeconómicas que mantienen al país como productor de materias primas, y el desincentivo del desarrollo de industrias nacionales, ha lanzado a muchas personas al desempleo.

La población desempleada se ha visto obligada a buscar mecanismos alternativos de sustento económico que, con el pasar del tiempo, hacen posible hablar de un segmento dedicado generacionalmente a la informalidad por exclusión o imposibilidad de ingreso al mundo asalariado. El detonante de los altos índices recientes de comercio informal urbano en Colombia obedece a una realidad social e histórica que podría rastrearse con mayor especificidad hasta la crisis desatada por el alto excedente de la fuerza de trabajo que se dio en la década de 1980. A los factores ya anunciados para esta crisis se pueden sumar el descenso en la tasa de mortalidad, la inclusión de la mujer al mercado laboral, la desindustrialización paulatina del país y algunas adversidades económicas.

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Fuente: DANE

El índice de informalidad en Colombia, entre un 54 y 57 %, ha sido alto frente a otros países vecinos. Para 2008, el 57% de la población urbana del país dependía del comercio informal, sin prácticamente variación con respecto a los sondeos de la década de 1990. En 2016 la ocupación informal en el país fue del 47%, del cual hay un porcentaje dedicado a las ventas ambulantes. Según el IPES, en Bogotá esas ventas ambulantes reúnen cerca de 47.800 personas.

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Fuente: DANE

Vendedores ambulantes hay de muchos tipos, los hay con puestos fijos, como quioscos; los hay con puestos semifijos, con mesas plegables, cajones, stands plegables o carretillas; los hay con sitios fijos sin puesto, y exhiben lo que venden en el suelo; y los hay ambulantes, en bicicletas o carromatos que se desplazan por un territorio urbano. Para todos ellos, las medidas han sido distintas pero igual de hostiles: persecuciones, decomiso de la mercancía y, en muchos casos, de las ganancias. Los informales hacen parte de un sector poblacional que no cuenta con vinculación al sistema de seguridad social y tiene poco acceso a educación y a la institucionalidad. La informalidad arrastra a la población a una situación de doble vulnerabilidad: imposibilidad de suplir sus necesidades en caso de enfermedad o vejez y altas dificultades para acceder a esquemas laborales más estables por medio de la tecnificación.

El doble estado de vulnerabilidad hace que la subsistencia de estas personas, y de aquellas que dependen de ellas, se sitúe en una cuerda tensada, de un lado,  por su creatividad para generar ingresos y, de otro, por las políticas públicas -ya sea que faciliten o impidan el desarrollo de actividades informales para generar ingresos-. Teniendo como principal sector el comercio, cerca de los 50.000 vendedores ambulantes que hay en Bogotá han visto altamente amenazada su fuente de ingresos por las actuales políticas públicas en favor de la recuperación del espacio público.

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Las tensiones desde la perspectiva del vendedor resultan evidentes, y se pueden dividir en tres grandes ejes: Vendedor-instituciones, donde la antigüedad se convierte en un instrumento legitimador frente a dinámicas de tensión establecidas desde el Lenguaje, el Dinero, los Comercios formales, el IPES y los riesgos de la Informalidad. En segundo lugar, el eje Vendedor-Espacio propone una serie de tensiones desde el acto mismo de comercializar en una calle, la necesidad del rebusque y el trabajo, el carrito, la discusión por la propiedad y el derecho al uso de lo público. Finalmente, las tensiones generadas entre Vendedor-Comunidad presentan variables asociadas a la mercancía y a las relaciones generadas entre el uno y los otros.

Proyecto realizado por Colectivo Reactante, resultado del laboratorio Dato por Liebre realizado por Plataforma Bogotá, laboratorio interactivo de arte, ciencia y tecnología, proyecto de la Gerencia de Artes Plásticas y Visuales de  la Fundación Gilberto Alzate Avendaño

Proyecto realizado por Colectivo Reactante, resultado del laboratorio Dato por Liebre realizado por Plataforma Bogotá, laboratorio interactivo de arte, ciencia y tecnología, proyecto de la Gerencia de Artes Plásticas y Visuales de la Fundación Gilberto Alzate Avendaño

El desarrollo de la problemática sugiere la incorporación de nociones de carácter político-contextual, relacionadas con la administración de lo público en la ciudad de Bogotá. En el marco de la tensión entre el derecho al trabajo y el derecho al espacio público, el comercio informal, que tradicionalmente se ha beneficiado de las dinámicas culturales, ha sido bruscamente dislocado del tejido social y obligado a replegarse entre los años 2015 y 2016. Si bien los esfuerzos administrativos distritales y de algunos líderes barriales insisten en la salvaguarda del espacio público para el uso autorizado, está pasando que, en un contexto dominado por la economía de mercado, lo público deriva en un conjunto de servicios para el disfrute y aprovechamiento regulado por el capital (alquiler, concesión, impuestos), y se pierde de vista la noción de derecho a la ciudad, dirigido a que el disfrute y acceso a los servicios se otorgue a quien los necesite. Si bien la idea de una ciudad dotada de extensiones espaciales que permitan el goce colectivo es muy atractiva, la pregunta que subyace gira alrededor del tipo de ciudad que se quiere construir: de un lado, si se tratará una ciudad entendida como un organismo vivo para el intercambio social, cultural, político y económico, muchas veces conflictivo y con aptitud de mutar y adaptarse a las necesidades de gran parte de sus habitantes o, del otro lado, si se busca una ciudad de perspectiva funcionalista donde el espacio público debe protegerse del ánimo de lucro de sectores que encuentran en la informalidad, una solución fácil e inmediata a sus necesidades; pero que ofrece a la población que hace parte del sistema laboral formal (un 46,55% de la población nacional).

Con esta última perspectiva, Bogotá está siendo administrada de a partir de políticas de exclusión de los más vulnerables, con soluciones poco coherentes que terminan por responder al cumplimiento de metas estadísticas de crecimiento y desarrollo. Actualmente, una de ellas ha sido la política de “zonas recuperadas”, que comenzó con la Avenida 72 entre carrera 7 y avenida Caracas,  y la Calle 42 entre carreras 7 y 8 como espacios pilotos (antiguamente ocupados por “chazas” de vendedores ambulantes) para la circulación de peatones y despeje de fachadas. Paralelamente, la respuesta a las necesidades de las personas desplazadas ha sido insuficiente: la institucionalidad ofrece reubicaciones en espacios que pueden cobijar muy pocas cantidades de vendedores, en espacios con un comercio poco activo, donde las posibilidades de ingreso, si se dan, son bajas, y en su mayoría ofrecen un silencio desalentador de clientes potenciales.  Debido a ello, estas personas han sido forzadas a rebuscarse estrategias de ingreso, sugiriendo con ello una serie de preguntas: ¿Quién hace parte de la comunidad local?, ¿acaso ésta se constituye únicamente dentro de los límites de la propiedad o vínculos formales?, ¿cuáles son esos límites?, ¿quiénes hacen parte del intercambio informal?, ¿qué pautas y relaciones se establecen en los intercambios informales?

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Como lo propone el antropólogo bogotano Óscar Salazar Arenas (2012), la calle se convierte en el “lugar articulador del barrio” y se configura como escenario para reconocer e intercambiar unas cuantas palabras con las personas. En el tránsito repetido y rutinario, como el que se produce en una calle, es muy posible reconocer rostros, intercambiar unas palabras con las personas que han concebido en la calle otras formas de sobrevivir y que posiblemente tienen otros saberes y formas de entender la civilidad. Las calles con presencia de vendedores ambulantes han logrado evadir el carácter anónimo de la avenida de ciudad, para construir una identidad ligada a la escenificación de la vida pública. Coherente con esto, la intención de una postura sistémica es activar, fortalecer o visibilizar el sentimiento de responsabilidad entre los diferentes actores del entorno señalado.

Para ver cuándo la solidaridad y la responsabilidad son posibles y cuándo se puede decir que se vive en una comunidad hemos puesto en juego dos nociones que instauran en el pensamiento la responsabilidad por el otro: la Presencia y la Hospitalidad.

Para ver cuándo la solidaridad y la responsabilidad son posibles y cuándo se puede decir que se vive en una comunidad hemos puesto en juego dos nociones que instauran en el pensamiento la responsabilidad por el otro: la primera es la Presencia, entendida como el acontecimiento de aparición, en la conciencia propia, del ser del otro, la interpelación de su vida que despierta en nosotros la responsabilidad por su conservación y realización; la segunda, relacionada estrechamente con ésta, es la Hospitalidad, entendida como la apertura que la presencia y la responsabilidad exigen en nuestra vida para aquel infinito que es el ser del otro.

Para Emmanuel Levinas cuando en la aparición del rostro acontece la presencia del ser del otro, se abre en nosotros la responsabilidad sobre él, “nosotros llamamos rostro al modo en el cuál se presenta el otro, que supera la idea del otro en mí” (1987, p.208), “sin ni siquiera tener que tomar responsabilidades en relación con él; su responsabilidad me incumbe, […] va más allá de lo que yo hago” (2000, p.80). Esta capacidad de reconocerse en el otro y de esta forma identificarse dentro de una comunidad, es un elemento constituyente de la vida humana.

En complemento, Jacques Derrida plantea que el sentimiento de hospitalidad conduce a una aporía, entre lo condicional (las leyes) y lo incondicional (el sentido de lo justo): la hospitalidad de lo justo, que acepta la incondicionalidad irreductible del otro, disloca y pervierte las leyes de la hospitalidad jurídica, ofrecidas por convención en el respeto. El sentimiento de solidaridad se basa en la conciencia de la situación del otro, (distinto a nosotros) cuya interioridad es tal vez el problema más complejo y al tiempo más inherente al ser humano. Los “otros” no tienen que pensar como nosotros para ser acogidos por nuestro deber de responsabilidad. Al respecto anota Derrida que “…La invención política, la decisión y la responsabilidad políticas consisten en encontrar la mejor legislación o la menos mala. Ese es el acontecimiento que queda por inventar cada vez […] en una situación concreta, determinada” (1997. P. 6). Cuando ejercitamos la hospitalidad en situaciones concretas somos una verdadera comunidad que, en el reconocimiento de su carácter histórico, conoce que la pervertibilidad de sus leyes implica su perfectibilidad. “Recíprocamente, las leyes condicionales dejarían de ser leyes de la hospitalidad si no estuviesen guidas, inspiradas, aspiradas, incluso requeridas, por la ley de la hospitalidad incondicional” (2006, p. 83). Por esto mismo hay ocasiones en que la presencia ontológica del otro suscita que nuestro deseo de justicia nos haga reñir con leyes que cargan consecuencias injustas como la persecución de trabajadores informales en aras de despejar el espacio público.

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En la historia reciente se puede identificar en diferentes momentos su papel como herramienta implicante y visibilizadora de otras vidas y situaciones que en el transcurso de los días nos pasan desapercibidas. En estos procesos de creación se plantean una serie de tensiones entre el artista como genio individual y el artista como catalizador de su contexto.

A partir de estos contextos históricos muchas manifestaciones artísticas han seguido circulando entre lo político y el activismo, resignificando constantemente las nociones de artista, obra y arte. Una revisión previa de propuestas de acción artística frente a las políticas de espacio público, mercado y sus tensiones con la informalidad o micro-resistencias al desalojo o la expulsión de la economía y el derecho a la ciudad, nos permite reseñar los siguientes casos:

  • Proyecto Street Vendor Guide, de la artista Cindy Chang[1]: la artista taiwanés-estadounidense se especializa en la activación de espacios públicos por medio de experimentos participativos. Dicha iniciativa, llevada a cabo en el centro de Nueva York en el año 2009, consiste en diseñar e ilustrar una guía en diferentes idiomas, que señala los principales cuidados que los vendedores deben tener en consideración a la hora de trabajar en la calle para no tener problemas con las autoridades. La guía, además, resume la historia de las ventas callejeras en la ciudad, historias puntuales de algunos de los vendedores y algunas de las políticas que lo regulan. Miles de copias fueron repartidas entre los vendedores y está disponible en línea en versión pdf.

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  • Permanecer en la Merced, del colectivo Left Hand Rotation & Contested Cities[2]: en el marco del proceso de gentrificación incluido en un plan maestro sobre el Mercado de La Merced, Chiapas, los colectivos Left Hand Rotation y Contested Cities formularon una estrategia de resistencia y empoderamiento que tuvo como resultado un documental y una página web. En la plataforma se incluye el documental, la historia del mercado, entrevistas a los vendedores, descripciones de las dinámicas del mercado y sus productos, junto con escritos de diferentes autores sobre la problemática, entre otros.

problema10_Left Hand Rotation

  • A la rueda rueda, de Ana Claudia Múnera: un ejemplo similar pero con motivaciones diferentes a Laderman-Ukeles es el performance titulado A la rueda rueda, en el que la artista reunió en la ciudad de Medellín a por lo menos 120 vendedores ambulantes para que hicieran un recorrido en fila por la ciudad. El interés principal  del evento fueron los objetos que usan los vendedores para transportar sus productos (coches de bebé, carros de supermercado, carros de balineras, etc.) y la forma como disponen en ellos sus tiendas. Al leer los testimonios y noticias da la impresión de que la obra resultó ser más potente y de alguna forma superó los intereses de la artista.

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Para mayor información, contactar a Ricardo Toledo: ricardobtoledo@gmail.com

 

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Acerca de Especies de Espacios

Alrededor de esta problemática que toca directamente a la comunidad formal e informalmente establecida en las mediaciones de la Pontificia Universidad Javeriana, el colectivo de creación e investigación artística establecido al interior del Semillero de Investigación Especies de Espacios, viene desarrollando prácticas que buscan la articulación entre vida, arte y academia por medio del desarrollo experimental y la aplicación política del sentimiento de hospitalidad.

En noviembre de 2015 se desarrolló el evento A la Vuelta de la Esquina, invitando al espacio de encuentro del semillero en la Facultad de Artes a un grupo de vendedores informales, algunas directivos de la Facultad de Artes, los miembros del semillero y otros estudiantes de la universidad, a establecer diálogo alrededor de sus situaciones, preocupaciones y problemáticas.

En el evento tuvimos oportunidad de ampliar las conversaciones que ya habíamos adelantado de manera informal en el transcurso de la cotidianidad en sus puestos de trabajo, a la vez  que se plantearon maneras en que la acción artística podría contribuir acompañando su lucha cotidiana.

Actualmente el semillero está gestionando un proyecto de creación-investigación titulado Museo del Andén. El proyecto plantea la conformación de un museo efímero que sirva como agente de activación patrimonial de las relaciones de intercambio cotidianas, usando el arte como estrategia de mediación. La plataforma asumirá las historias, experiencias y saberes de los vendedores informales de la zona javeriana como patrimonio cultural inmaterial urbano, con el propósito de construir y comunicar una memoria a pie de calle que ponga en valor a un grupo en diáspora, contribuyendo a traer a presencia la faceta humana de los actores implicados, haciendo patentes sus singularidades, rostros, nombres e historias de vida. El resultado principal será un museo con presencia web con contenido multimedia (cartografía, paisaje sonoro, crónica en video, fotografía, etc.) y presencia in-situ con material gráfico impreso de libre distribución e intervenciones expresivas en el espacio.

El aporte del Museo del Andén será ofrecer una estructura que articule las nociones de intercambio, patrimonio y comunidad, y que contribuya a evidenciar -traer a la presencia- la faceta humana de los sujetos implicados, latente en sus singularidades con rostros, nombres e historias. El proyecto Museo del Andén se plantea como una plataforma para promover el reconocimiento a las actividades, relaciones y personas que han encontrado en el espacio público otros usos y formas de estar, distintos de los promovidos por la institucionalidad o el comercio formal.

 

[1] http://welcometocup.org/file_columns/0000/0012/vp-mpp.pdf

[2] https://permanecerenlamerced.wordpress.com

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