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FÉNIX: De cómo Dernyn renació de las cenizas de la guerra

Por Claudia Palacios

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Cortesía Claudia Palacios

El nombre del equipo de fútbol de Derlyn* se llama Fénix, por el ave mitológica que renació de sus cenizas, como lo ha hecho ella después de seis años en las FARC bajo el mando de alias ‘el Paisa’ en la Columna Teófilo Forero, y de diez años desmovilizada. Desde niña, viviendo en el Caquetá, donde veía a la guerrilla pasar por su casa a diario, le interesaba la vida militar, pero como sabía que su mamá no tendría dinero para pagarle esos estudios, entró a un curso de milicias bolivarianas en el que quedó tan segura de que la vía para hacer la revolución era la armada que dejó el colegio.

Cuando su mamá le ofreció la opción de irse a donde una tía en Bogotá o meterla a un internado, le respondió que ni lo uno ni lo otro porque su camino era la guerrilla. Su mamá respetó esa decisión, no obstante que Derlyn tenía solo catorce años. “En un secuestro lo que uno piensa es que se trata de familias ricas que no pagan lo que deben pagar, ese es el adoctrinamiento. Pero poco a poco uno va viendo cosas que decepcionan. Para mí lo más duro fue ver los fusilados, compañeros con los que uno ha compartido años, como a un socio mío (novio) porque dijeron que dizque era infiltrado. Y las cosas del día a día, como que uno toma agua del caño y los comandantes toman Gatorade”.

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Derlyn decidió volarse en 2005 con su socio. Dice que tomaron la decisión de un día para otro, un vez que el ejército estaba muy cerca, pero que prefirieron tomar un bus hacia Bogotá en vez de entregarse a la tropa, por miedo a que los mataran. Ya en Bogotá, cuando supieron que las FARC los habían ubicado, se entregaron a la Agencia Colombiana para la Reintegración. Ella hizo un Técnico en Enfermería, y ahora está estudiando Administración en Salud Ocupacional, además es Promotora de Reintegración. “Por eso se me ocurrió crear el equipo Fénix, para acercar a la comunidad a los desmovilizados, para que la gente se dé cuenta que somos personas comunes y corrientes, que no tenemos que portarnos mejor que todo el mundo porque también nos da rabia, alegría y tristeza.

Yo reconozco que cometí un error pero la única forma de cometer un error no es irse a la guerrilla, todos cometemos errores; y aunque tengo secuelas porque aún sueño con sangre o que me pegan un tiro, al año de estar en el programa de reintegración yo ya había sacado toda esa rabia y había tomado conciencia del daño que hice.

Hay unos que la han embarrado, por ejemplo el papá de mi hijo fue a la cárcel porque lo cogieron con una granada. Sí, es cierto que a veces se cumple lo de que vaca vieja no olvida el portillo, pero entonces ¿qué hacemos?, ¿vamos a seguir así, juzgándonos toda la vida? Yo sé dónde hay siete u ocho cuerpos enterrados pero ni sé sus nombres ni quiénes son sus familias, entonces ¿cómo voy a decirles? Si a mí me hubieran mandado a la cárcel, ¡qué resocialización hubiera tenido!”.

Derlyn me dice todo esto mientras organiza una venta de ropa usada en un colegio de Ibagué a donde empiezan a llegar familias desmovilizadas. Saca la ropa de las bolsas, la dobla, la acomoda, da órdenes a su grupo, y me cuenta su vida. El equipo Fénix lleva nueve meses de creado, en él también hay dos desplazadas por la guerrilla y dos personas que no han sido ni víctimas ni victimarias directas del conflicto armado. “Ellas no sabían mi pasado, a los veinte días de integrar el equipo les conté y me dijeron: ‘¿Verdad, marica?, bien china, me sorprende pero la felicito’”. 

Cortesía Claudia Palacios

Cortesía Claudia Palacios

 

 “Me dejó como en shock la noticia, dije: ‘¡juemadre, yo con qué gente estoy tratando!’. Pero lo asimilé y traté de ponerme en el lugar de ella, además estoy estudiando Psicología, así que eso es parte de mi trabajo. Derlyn es una persona muy servicial, y seguramente por lo que vivió, es muy buena consejera. Yo trato de no tocarle el tema de su pasado en la guerrilla para que no se sienta mal”, así habla de Derlyn una de sus compañeras en el equipo a la que le era indiferente el conflicto armado en Colombia antes de conocerla. Pero Lorena, también integrante del equipo Fénix, y víctima de la violencia, pues fue desplazada por la guerrilla, tuvo la misma sorpresa al enterarse del pasado de Derlyn y de otras desmovilizadas del equipo.

“Claro, me sorprendí pero no siento rencor por ellas. Siempre he pensado que todos cometemos errores y que todos tenemos derecho a una segunda oportunidad. No las juzgo, ni tengo nada que perdonarles”.

“Fue muy duro el día del campeonato decir que fui desmovilizada. Imagínese, si para cualquiera es difícil reconocer sus errores, piense lo que es reconocer este error”. —¿Y lo va a reconocer algún día ante su hijo? —No creo, o cuando él tenga unos quince años. —¿Qué le va a decir? —Que su mamá en algún momento se equivocó. Derlyn se empeña en sacar su equipo de fútbol adelante. Tiene la convicción de que si en muchos caseríos de Colombia hubiera una buena escuela deportiva, miles de niños nunca hubieran sido guerrilleros.

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Esta crónica, es extraída del libro “Perdonar lo Imperdonable.” Para mayor información, contactar a claudiapalacios.net

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