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PACTO CAQUETÁ: Unidos por su mejoramiento

Por Yanines Salcedo, Estudiante del Programa Manos a la Paz

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14-yanines-1 Foto Creative Commons

Foto: Creative Commons

Cuando me enlisté en Manos a la Paz jamás pensé que llegaría al emporio de riquezas que encierra el Caquetá. Me uní al proyecto de conformación de un centro de bienes y servicios para el ganadero, apoyado por el Comité Departamental de Ganaderos del Caquetá. Este modelo busca el desarrollo de capacidades de organizaciones gremiales, con el fin de facultarlas en su misión de generar desarrollo económico sostenible y facilitar la convivencia entre los pobladores rurales del Caquetá, en donde la ganadería es el pulmón que oxigena la economía regional.

14-yanines-2De la mano del Comité de Ganaderos tuve la oportunidad, de palpar las actividades del campo. Durante los traslados de un municipio a otro fue fácil emocionarse con la hermosura de sus paisajes, y constatar que definitivamente es un país bendecido con tanta belleza física y cultural.

La aventura de conocer el Modelo de División Sostenibles de Praderas como uno de los pilares que dan soporte al Pacto Caquetá, la vivimos con Rafael Torrijos Rivera, presidente del Comité Departamental de Ganaderos del Caquetá, con el ingeniero Yezid Beltrán y con representantes de una organización norteamericana. Con ellos pudimos presenciar los actuales desarrollos logrados por el Comité en fincas que representan distinta producción de leche y  ganado.

Quienes poblamos la región Caribe, a veces desconocemos que el Caquetá es un departamento ubicado al sur del país con exuberantes paisajes y diversidad de plantas y animales.

Las visitas iniciaron en la Ganadería San Nicolás (en la vía Morelia-Valparaíso), cuyos propietarios son  dos apasionados profesionales del sector agropecuario: Antonio Ricardo y su esposa Cristina. Conocimos sus adelantos en selección genética y pudimos ver el proceso de ordeño automatizado de las vacas para un mayor rendimiento y productividad del negocio. Sus cuidados incluyen el mantenimiento del establo donde se encuentran las crías y el uso de un estrecho corredor afirmado con piedra y arena por donde pasan las vacas para no malograr los pastizales.

Otras de las fincas visitadas fue La Esperanza, donde su propietario, Yamil Rivera,  ha encontrado la mejor forma de incrementar la calidad y cantidad de la leche. El señor Rivera está convencido de que es la vaca quien debe buscar el agua, por lo que ha desarrollado un eficiente sistema de acueducto ganadero que se irriga por gravedad, como mecanismo de cuidado y protección de sus cuencas hidrográficas.

El Bodoquero nos deleitó con sus aguas cristalinas y sus bellos paisajes, para dejar marcado por siempre en mi memoria lo hermoso que es mi país.

Finalmente y como para caer rendidos antes la majestuosidad de la “Manigua”, cinco profesionales del instituto SINCHI nos internaron en la selva, hasta llegar a la parcela permanente en la Reserva Natural de la Sociedad Civil. La envergadura de los árboles, la espesura dela selva, el blanco color polvoroso de algunos tallos y el fascinante rojo de las heliconias sobre el verde de mil tonos de las hojas, reafirmaban lo antes mencionado: es inevitable caer en el embrujo de su magia, es inevitable enamorarse de este hermoso lugar llamado Caquetá.

Terminamos todo nuestro extenso recorrido con un buen (e inolvidable) almuerzo  a orillas de uno de los ríos más lindos del Caquetá.  

 

* Yanines Salcedo es estudiante de Comunicación Social de la Universidad Autónoma del Caribe, en Barranquilla

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